jueves, 11 de junio de 2009

Èsú de mensajero a diablo

Los primeros europeos que tuvieron contacto en África con el culto
del Orixá Èsú de los yorubas, venerado por los fon como el vodum
Legba o Elegbara, atribuyeron la esa divinidad una doble identidad:
La del dios fálico greco-romano Príapo y la del diablo de los judíos
y cristianos. La primera a causa de los altares, representaciones
materiales y símbolos fálicos del orixá-vodum; La segunda en razón de
sus atribuciones específicas en el panteón de los orixás y voduns y
sus calificaciones morales narradas por la mitología, que lo muestra
como un orixá que contraría las reglas más generales de conducta
aceptadas socialmente, si bien no sean conocidos mitos de Èsú que lo
identifiquen con el diablo. Atribuciones y carácter que los recién
llegados cristianos no podían concebir, entrever sin el bies
etnocéntrico y mucho menos aceptar. En las palabras de Pierre Verger,
Èsú "tiene un carácter susceptible, violento, irascible, astucioso,
grosero, vanidoso, indecente", de modo que "los primeros misioneros,
espantados con tal conjunto, lo asimilaron al Diablo y hicieron de él
el símbolo de todo lo que es maldad, perversidad, aberración y odio,
en oposición a la bondad, pureza, elevación y amor de Dios" (Verger,
1999: 119.

Así, los escritos de viajantes, misioneros y otros observadores que
estuvieron en territorio fon o yoruba entre los siglos XVIII y XIX,
todos ellos de cultura cristiana, cuando no cristianos de profesión,
describieron a Èsú siempre resaltando aquellos aspectos que lo
mostraban, a los ojos occidentales, como entidad destacadamente
sexualizada y demoníaca. Uno de los primeros escritos que se refieren
la Legba, sino el primero, es debido a Pommegorge, de lo cual se
publicó en 1789 un relato de viaje informando que "a un cuarto de
legua del fuerte los daomeanos hay un dios Príapo, hecho groseramente
de tierra, con su principal atributo [el falo], que es enorme y
exagerado con relación a la proporción del resto del cuerpo"
De 1847 tenemos el testimonio de John Duncan, que escribió: "Las
partes bajas [la genital] de la estatua son grandes,
desproporcionadas y expuestas de la manera más espantosa" (Duncan,
1847)
Es de 1857 la descripción del pastor Thomas Bowen, en que es
enfatizado el otro aspecto atribuido por los occidentales a Èsú: "En
la lengua yoruba el diablo es denominado Èsú, aquel que fue enviado
otra vez, nombre que viene de su, jugar fuera, y Elegbara, el
poderoso, nombre debido a su gran poder sobre las personas" (Bowen,
1857: Cap. 26.)
Treinta años después, el abad Pierre Bouche fue bastante
explícito: "Los negros reconocen en Satan el poder de la posesión,
pues lo denominan comúnmente Elegbara, es decir, aquel que se apodera
de nosotros" (Bouche, 1885: 120. Y hay muchos otros relatos antiguos
ya citados por Verger (1999: 132-9), ninguno menos desfavorable al
dios mensajero que esos.
En 1884, se publicó en Francia el libro Fétichisme y féticheurs, de
autoría de R. P. Baudin, padre católico de la Sociedad de las
Misiones Africanas de Lyón y misionero en la Costa de los Esclavos.
Fue ese el primer libro a tratar sistemáticamente de la religión de
los yorubas. El relato del padre Baudin es rico en pormenores y
precioso en informaciones sobre el panteón de los orixás y aspectos
básicos del culto, tanto que el libro permanece como fuente pionera
de la cual los investigadores contemporáneos no pueden evadirse, pero
sus interpretaciones del papel de Èsú en el sistema religioso de los
pueblos yorubas, a partir de las observaciones hechas en una
perspectiva cristiana del siglo XIX, son devastadoras. Y ampliamente
reveladoras de imágenes que hasta hoy pueblan el imaginario popular
en Brasil, para no decir del propio pueblo de santo que adora Èsú,
por lo menos en su gran parte. Así es retratado Èsú por padre
Baudin": El jefe de todos los genios maléficos, el peor de ellos y el
más temido, es Èsú, palabra que significa el rechazado; también
llamado Elegbá o Elegbara, el fuerte, o aún Ogongo Ogó, el genio del
bastión nudoso. "Para prevenirse de su maldad, los negros colocan en
sus casas el ídolo de Olarozê, genio protector del hogar, que, armado
de un bastión o sable, le protege la entrada. Pero, a fin de ponerse
a salvo de las crueldades de Elegbá, cuando es preciso salir de casa
para trabajar, no se puede jamás olvidar de dar a él parte de todos
los sacrificios. Cuando un negro quiere vengarse de un enemigo, él
hace una copiosa oferta la Elegbá y lo regala con una fuerte ración
de aguardiente o de vino de palma. Elegbá se queda entonces furioso
y, si el enemigo que no estuviera bien protegido de talismanes,
correrá gran peligro."Es este genio malvado que, por sí mismo o por
medio de sus compañeros espíritus, empuja el hombre para el mal y,
sobre todo, lo excita para las pasiones vergonzosas. . Muchas veces,
vi negros que, punidos por robo u otras faltas, se disculpaban
diciendo: 'Eshu l'lo ti mi', es decir, 'Fue Èsú que me impulso'. "La
imagen hedionda de ese genio malévolo es colocada en el frente de
todas las casas, en todas las plazas y en todos los caminos."Elegbá
es representado sentado, las manos sobre las rodillas, en completa
desnudez, bajo una cobertura de hojas de palmera. El ídolo es de
tierra, de forma humana, con una cabeza enorme. Penas de aves
representan sus cabellos; dos búzios forman los ojos, otros, los
dientes, lo que le da una apariencia horrible."En las grandes
circunstancias, él es inundado de aceite de dendê y sangre de
gallina, lo que le da una apariencia más pavorosa aún y más horrenda.
Para completar con dignidad la decoración del inmóbil símbolo del
Príapo africano, se colocan junto de él cabos de azada usados o
gruesos porretes nudosos. Los buitres, sus mensajeros, felizmente
vienen a comer las gallinas, y los perros, las otras víctimas a él
inmoladas, sin los cuales el aire quedaría infectado."El templo
principal se queda en Woro, cerca de Badagry, en medio de un hermoso
bosque encantado, bajo palmeras y árboles de gran belleza. . Cerca de
la laguna en que se realiza una gran feria, el suelo esta lleno de
búzios que los negros tiran como oferta la Elegbá, para que él los
deje en paz. Una vez por año, el hechicero de Elegbá junta los búzios
para comprar un esclavo que le es sacrificado, y aguardiente para
animar las danzas, quedándose el resto para el hechicero.
El caso siguiente demuestra la inclinación de Elegbá para hacer el
mal:
"Envidioso de la buena armonía que existía entre dos vecinos, él
resolvió desunirlos. Para tanto, él puso en la cabeza un gorro de
brillante blancura de un lado y completamente rojo del otro. Después
pasó entre los dos, cuando estaban cultivando sus campos. Él los
saludó y continuó su camino.
"Cuando él pasó uno de ellos dijo":
— Que lindo gorro blanco! "
— De ninguna manera
— dijo el otro.
— Es un magnífico gorro rojo.
"Desde entonces, entre los dos antiguos amigos, la disputa se hizo
tan viva, que uno de ellos, exasperado, quebró la cabeza del otro con
un golpe de azada." (Baudin, 1884: 49-51)
El texto termina así, con ese mito muy conocido en los candomblés
brasileños, y que expresa de modo emblemático la duplicidad de este
Orisá. Sin entrar en pormenores que ciertamente eran impropios a la
formación púdica del misionero, hay la libre referencia la Príapo, el
dios fálico greco-romano, guardián de los jardines y pomares, que en
el sur de Italia imperial vino a ser identificado con el dios Hogar
de los romanos, guardián de las casas y también de las plazas, calles
y encrucijadas, protector de la familia y patrono de la sexualidad.
No hay referencias textuales sobre el carácter diabólico atribuido
por el misionero la Èsú, que la descripción prenuncia, pero hay un
dato muy interesante en el grabado que ilustra la descripción y que
revela la dirección de la interpretación de Baudin. En una
ilustración aparece un hombre sacrificando una ave a Èsú,
representado por una estatuilla protegida por una casita situada
junto a la puerta de entrada de la casa. La leyenda de la figura
dice: "Elegbá, el malvado espíritu o el Demonio"
Príapo y Demonio, las dos calidades de Èsú para los cristianos. Ya
está allá, en ese texto católico de 1884, el binomio pecaminoso
infringido a Èsú en su enfrentamiento con El Occidente: Sexo, pecado,
lujuria, fornicación y maldad. Nunca más Èsú se libraría de la
imputación de esa pareja pecha, condenado a ser el Orisá más
incomprendido y calumniado del panteón afro-brasileño, como bien se
acordaron Roger Bastide, que, en la década de 1950, se refirió a Èsú
como esa "divinidad calumniada" (Bastide, 1978: 175), y Juana Elbein
de los Santos, prácticamente la primera investigadora en Brasil a
interesarse por la recuperación de los atributos originales africanos
de Èsú (Santos, 1976: 130 y sig.), atributos que fueron en Brasil
ampliamente encubiertos por las características que le fueron
impuestas por las reinterpretaciones católicas en la formación del
modelo sincrético que garabateo la religión de los Orisás en Brasil.
Para los antiguos yorubas, los hombres habitan la Tierra, el Aiê, y
los dioses orisás, el Orum. Pero muchos lazos y obligaciones conectan
los dos mundos. Los hombres alimentan continuamente los orisás,
dividiendo con ellos su comida y bebida, los visten, adornan y cuidan
de su diversión. Los orisás son parte de la familia, son los remotos
fundadores de los linajes cuyos orígenes se pierden en el pasado
mítico. En pago de esas ofrendas, los orisás protegen, ayudan y dan
identidad a sus descendientes humanos. También los muertos ilustres
merecen tal cuidado, y su recuerdo los mantienen vivos en el presente
de la colectividad, hasta que un día puedan renacer como un nuevo
miembro de su misma familia. Es esa la simple razón del sacrificio:
alimentar la familia toda, inclusive los más ilustres y más distantes
ancestrales, alimentar los padres y madres que están en el origen de
todo, los dioses, en una reafirmación permanente de que nada se acaba
y que en los lazos comunitarios están amarrados, sin solución de
continuidad, el presente de la vida cotidiana y el pasado relatado en
los mitos, de lo cual el presente es reiteración.
Las ofrendas de los hombres a los orisás deben ser transportadas
hasta el mundo de los dioses. Èsú tiene este gravamen, de
transportista. También es preciso saber si los orisás están
satisfechos con la atención a ellos dispensada por sus descendientes,
los seres humanos. Èsú propicia esa comunicación, trae sus mensajes,
es el mensajero. Es fundamental para la supervivencia de los mortales
recibir las determinaciones y los consejos que los orisás envían del
Aiê. Èsú es el portador de las orientaciones y órdenes, es el
portavoz de los dioses y entre los dioses. Èsú hace el puente entre
este mundo y mundo de los orisás, especialmente en las consultas
oraculares. Como los orisás interfieren en todo lo que ocurre en este
mundo, incluyendo el cotidiano de los vivientes y los fenómenos de la
propia naturaleza, nada acontece sin el trabajo de intermediario del
mensajero y transportista Èsú. Nada se hace sin él, ningún cambio, ni
aún una repetición. Su presencia está consignada incluso en el primer
acto de la Creación: sin Èsú, nada es posible. El poder de Èsú, por
lo tanto, es inconmensurable.
Èsú debe entonces recibir los sacrificios votivos, debe ser
propiciado, siempre que algún orisá recibe ofrenda, pues el
sacrificio es el único mecanismo a través de lo cual los humanos se
dirigen a los orisás, y el sacrificio significa a reafirmación de los
lazos de lealtad, solidaridad y retribución entre los habitantes del
Aiye(tierra) y los habitantes del Orun(cielo). Siempre que un orisá
es interpelado, Èsú también lo es, pues la interpelación de todos se
hace a través de él. Es preciso que él reciba ofrenda, sin la cual la
comunicación no se realiza. Por eso es costumbre decir que Èsú no
trabaja sin pago, lo que acabó por imputarle, cuando el ideal
cristiano del trabajo desinteresado de la caridad se interpuso entre
los santos católicos y los orisás, la imagen de mercenario,
interesado y banal. Como mensajero de los dioses, Èsú todo sabe, no
hay secretos para él, todo él oye y todo él transmite. Y puede casi
todo, pues conoce todas las recetas, todas las fórmulas, todas las
magias. Èsú trabaja para todos, no hace distinción entre aquellos a
quién debe prestar servicio por imposición de su cargo, lo que
incluye todas las divinidades, más los antepasados y los humanos. Èsú
no puede tener preferencia por este o aquel. Pero tal vez lo que lo
distingue de todos los otros dioses es su carácter de transformador:
Èsú es aquel que tiene el poder de quebrar la tradición, poner las
reglas en cuestión, romper la norma y promover el cambio. No es pues
de extrañarse que sea considerado peligroso y temido, aunque se trata
de aquel que es el propio principio del movimiento, que todo
transforma, que no respeta límites y, así, todo lo que contraría las
normas sociales que regulan el cotidiano pasa a ser atributo suyo.
Èsú carga calificaciones morales e intelectuales propias del
responsable por el mantenimiento y funcionamiento del estatus quo,
inclusive representando el principio de la continuidad garantizada
por la sexualidad y reproducción humana, pero al mismo tiempo él es
el innovador que hiere las tradiciones, un ente por lo tanto nada
confiable, que se imagina, así pues, ser dotado de carácter
inestable, dudoso, interesado, turbulento y arrivista. Para un yoruba
u otro africano tradicional, nada es más importante que tener una
prole numerosa y para la garantizarla es preciso que haya muchas
esposas y una vida sexual regular y proficua. Es preciso generar
muchos hijos, de modo que, en esas culturas antiguas, el sexo tiene
un sentido social que envuelve la propia idea de garantía de la
supervivencia colectiva y perpetuación de los linajes, clanes y
ciudades. Èsú es el patrono de la cópula, que genera hijos y
garantiza la continuidad del pueblo y la eternidad del hombre. Ningún
hombre o mujer puede sentirse realizado y feliz sin una numerosa
prole, y la actividad sexual es decisiva para eso. Es de la relación
íntima con la reproducción y la sexualidad, tan explicitadas por los
símbolos fálicos que lo representan, que transcurre la construcción
mítica del genio libidinoso, lascivo, carnal y desarreglado de Èsú-
Elegbara. Eso todo contribuyó enormemente para modelar su imagen
estereotipada de orisá difícil y peligroso que los cristianos
reconocieron como demoníaca. Cuando la religión de los orisás,
originalmente politeísta, vino a ser practicada en Brasil del siglo
XIX por negros que eran al mismo tiempo católicos, todo el sistema
cristiano de pensar el mundo en términos del bien y del mal dio un
nuevo formato a la religión africana, en lo cual un nuevo papel
esperaba por Èsú.
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En el candomblé, como en África, Èsú es concebido como divinidad
múltiple, lo que también ocurre con los Orisás, que son reconocidos y
venerados a través de diferentes invocaciones, calidades o avatares,
cada cual referido a un aspecto mítico del Orisá, la una su función
específica en el patronato del mundo, a un accidente geográfico la
que es asociado etc. Siendo el propio movimiento, Èsú se multiplica
al infinito, pues cada casa, cada calle, cada ciudad, cada mercado
etc. tiene su guardián. También cada ser humano tiene su Èsú, que es
asentado, nominado y regularmente propiciado, conectando aquel ser
humano a su Orisá personal y al mundo de las divinidades. Son muchas
las invocaciones de Èsú, muchos sus nombres. Según el ogan Gilberto
de Èsú, son los siguientes los nombres y atribuciones de Exu más
conocidos:
Yangui, el primero de la Creación, representado por la laterita; Exu
Agbá, Agbô, o Moagbô, el más viejo; Igbá Quetá, el Exu de la calabaza-
asentamiento; Ocotó, el patrono de la evolución, representado por el
caracol; Obassim, el compañero de Odudua; Odara, el dueño de la
felicidad, de la armonía; Ojissebó, el mensajero de los orisás;
Eleru, lo que transporta lo cargo de los iniciados; Enugbarijó, lo
que propicia la prosperidad; Elegbara o Legba, lo que tiene el poder
de la transformación, principio del movimiento; Bará, el dueño de los
movimientos del cuerpo humano; Olonam, o Lonã, el señor de los
caminos; Icorita Metá, el Exu que guarda las encrucijadas; Olobé, el
dueño del cuchillo ritual; Elebó, el Exu de las ofrendas; Odusó o
Olodu, el guardián del oráculo; Elepô, el señor del aceite de dendê;
y Iná, el fuego, el patrono de la comunidad que es reverenciado en la
ceremonia del padê. A estos nombres-calidades de Exu podemos añadir
otros registrados por Verger en África y en Brasil, como Eleiembó,
Laroiê, Alaquetu, el señor de Keto, Aquessam, señor del mercado de
Oió, Lalu y Jelu, además de nombres que Verger acredita en Brasil a
los cultos de origen fon y bantu, a saber, Tiriri, Jelebara, Jiguidi,
Mavambo, Emberequetê, Sinza Muzila y Barabô. La mayoría de esos
nombres y atribuciones, originalmente africanos, es preservada en las
casas de candomblé de linajes más conectados a la preservación y
recuperación de las raíces. Son nombres que indican sucintamente las
distinguidas funciones de Exu: el mensajero, el transportista, el
transformador, el repositor y el donante. Tales nombres y
atribuciones están, pero, ausentes en la mayor parte de la Kimbanda y
en ciertos segmentos del candomblé, en que el reconocimiento de Exu
como el diablo es explícito, siendo su jerarquía conocida y bastante
divulgada por publicaciones religiosas. Según la tabla umbandista de
correspondencia Exu-diablo, la entidad suprema de la "izquierda" es
el Diablo Mayoral, o Exu Sombra, que sólo raramente se manifiesta en
el trance ritual. Él tiene como generales: Exu Marabô o diablo Put
Satanaika, Exu Manguera o diablo Agalieraps, Exu-Mor o diablo
Belzebu, Exu Rey de las Siete Encrucijadas o diablo Astaroth Exu
Cierra Calle o diablo Tarchimache, Exu Terciopelo o diablo Sagathana,
Exu Tiriri o diablo Fleuruty, Exu de los Ríos o diablo Nesbiros y Exu
Calunga o diablo Syrach. Bajo las órdenes de estos y comandando otros
más están: Exu Ventania o diablo Baechard, Exu Quiebra Rama o diablo
Frismost, Exu de las Siete Cruces o diablo Merifild, Exu Tronqueira o
diablo Clistheret, Exu de las Siete Poeiras o diablo Silcharde, Exu
Gira Mundo o diablo Segal, Exu de las Matas o diablo Hicpacth, Exu de
las Piedras o diablo Humots, Exu de los Cementerios o diablo
Frucissière, Exu Murciélago o diablo Guland, Exu de las Siete Puertas
o diablo Sugat, Exu de la Piedra Negra o diablo Claunech, Exu de la
Capa Negra o diablo Musigin, Exu Marabá o diablo Huictogaras, y Exu-
Mujer, Exu Pombagira, simplemente Pombagira o diablo Klepoth. Pero
hay también los Èsú que trabajan bajo las órdenes del Orisá Omulu, el
señor de los cementerios, y sus ayudantes Exu Calavera o diablo
Sergulath y Exu de la Medianoche o diablo Hael, cuyos nombres más
conocidos son Exu Tata Calavera (Proculo), Exu Brasa (Haristum) Exu
Mirim (Serguth), Exu Pemba (Brulefer) y Exu Pagano o diablo Bucons
(Conforme Fontennelle, s/d; Bittencourt, 1989; Omolubá, 1990). En la
umbanda, así como en el candomblé, cada Exu cuida de tareas
específicas, siendo grande y compleja la división de trabajo entre
ellos. Por ejemplo, Èsú Beludo ofrece protección contra los
enemigos. Èsú Tranca Ruas puede generar todo tipo de obstáculos en la
vida de una persona. Èsú Pagao tiene el poder de instalar el odio en
el corazón de las personas. Exu Mirim es el guardián de los niños y
también hace trabajos de amarracion de amor. Exu Pemba es el
propagador de las enfermedades venéreas y facilitador de los amores
clandestinos. Exu Morcego tiene el poder de transmitir cualquier
enfermedad contagiosa. Exu de las Siete Puertas facilita la apertura
de cerraduras, cofres y otros compartimentos secretos — materiales y
simbólicos. Exu Tranca Todo es el regente de festines y orgías. Exu
de la Piedra Preta es invocado para el éxito en transacciones
comerciales. Exu Tiriri puede enflaquecer la memoria y la conciencia.
Exu de la Capa Preta comanda los desentendimientos y la discordia.
Igualmente son múltiples los nombres y funciones de Pombagira:
Pombagira Reina, Maria Padilha, Pombagira Siete Saias, Maria Mulambo,
Pombagira de la Calunga, Pombagira Gitana, Pombagira del Crucero,
Pombagira Gitana de los Siete Cruceros, Pombagira de las Almas,
Pombagira Maria Quitéria, Pombagira Dama de la Noche, Pombagira
Minina, Pombagira Mirongueira, Pombagira Minina de la Playa.
Pombagira es especialista notoria en casos de amor, y tiene poder
para propiciar cualquier tipo de unión amorosa y sexual. Ella trabaja
contra aquellos que son enemigos suyos y de sus devotos. Pombagira
considera sus amigos todos aquellos que la buscan necesitando sus
favores y que saben como agradecerle y agradarla. Se debe regalar
Pombagira con cosas que ella usa en el terreiro, cuando incorporada:
tejidos sedosos para sus ropas, perfumes, joyas y bisuterías,
champaña y otras bebidas, cigarrillo, cigarrita y boquilla, rosas
rojas abiertas (sin espinas), además de las ofrendas de obligación,
los animales sacrificables y las de despachos dejados en las
encrucijadas, cementerios y otros locales, a depender del trabajo que
se hace, siempre iluminado por las velas rojas, negras y, a las
veces, blancas.
Traducción: Babalorisa Gastón ti Osala Olokum del original Èsú, de
mensajero a diablo, Reginaldo Prandi

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